jueves, abril 29, 2010

Los dos televisores de Azurregui

En la estación de micros de Azurregui había un bar que tenia dos televisores. Uno adquirido hace muchos años y el otro bastante más moderno.
El aparato antiguo es grande y de pantalla algo convexa, la caja que contiene los elementos eléctricos es de madera y aunque se caracteriza por reproducir imágenes a color éste no las manifiesta con la fidelidad y el brillo con que sí las muestra su bisnieto moderno que en contrapartida esta hecho mayormente de metal y plástico, de pantalla plana y notablemente mas delgado.
La locacion en que se encuentran ambas maravillas de la tecnología no era mas que otro bar de estación con mesas y sillas de madera lastimadas con el tiempo, algunas de ellas vestidas con manteles que parecerían haber sido alguna vez de color blanco y que en su mayoría exhibían el tatuaje semi circular característico y difícil de quitar que imprimen los vasos cargados de vino hasta el borde. El salón era rectangular y daba la espalda a la estación, los televisores se encontraban enfrentados cada uno alejado en el rincón contrario respecto del otro. De punta a punta contaba con ventanales adornados con cortinas semitransparentes de color beige y la puerta de hierro despintada y oxidada esta en el centro. El piso era de cemento, la cocina un lugar poco recomendable de visitar y la barra no era mas que una heladera que exhibe detrás de un vidrio empañado tortas de dudosa longevidad, un matambre arrollado empezado y unos vasitos de aluminio que contienen algo parecido a lo que podría ser un flan; sobre su hombro izquierdo descansaban algunas botellas de vino de marca irreconocible por el polvo arraigado sobre las etiquetas excepto por una que a juzgar por su color rojo sangre podríamos deducir que es un viejo Valmont. También tenia dos botellas de criadores por la mitad, una bandeja negra con medialunas, un periódico local destripado intimando con sus paginas una vieja revista Gente que en su portada muestra mustio el rostro de Susana Gimenez y reza en su titular: “Susana se separo de Darín”. Sobre su hombro derecho y esparcidas en un caos casi poético, se encontraban unas cuantas boletas con deudas a pagar por los propietarios del comercio, una calculadora que funcionaba a veces si y a veces no y una caja registradora ausente de cualquier función fiscal; en el medio un desierto de vacío que los cocineros y demás empleados utilizaban para dejar los pedidos que los mozos se encargaban en todos los casos de gritar para su pronta realización. Agazapado detrás de la caja habitaba un hombre- y digo habitaba porque no parecería haber salido nuca de allí- que sonreía automáticamente y sin gracia a todo transeúnte que desfilaba por el bar y que por cada sonrisa vomitada, sorbía de un vaso diminuto de vino que escondía estratégicamente sobre un cajón de cerveza que cumpliera a su vez de atril para descansar su pierna izquierda.
Cierto domingo una tormenta azoto con furia los alrededores de Azurregui dejando sin corriente eléctrica a todas las casas del pueblo y valla a saber uno por qué designio del destino, el único lugar que contaba con los beneficios de la electricidad era nuestro citado bar. Casualmente, debería decir, ese día se jugaba en la Bombonera el clásico Boca-River por la final del torneo apertura y nuevamente, por casualidad, el pueblo contaba con la mitad de sus hombres hinchas unos de River y los otros de Boca, así que no seria demasiado inteligente deducir que todos se acercaron a ver el partido aquella tarde al bar de la estación apenas se supo que allí había luz y a sabiendas que también habían dos televisores.
A pesar del gentío los minutos previos al juego las cosas se dieron con cierta tranquilidad y normalidad. Claro que no todos entraron al recinto así que la mayoría se acomodo como pudo contra las ventanas y los que no tenían visión directa solo podían esperar ver la reacción de los otros en pos de deducir los vaivenes del encuentro deportivo. La organización tanto afuera como adentro fue clara desde que llegaron las primeras personas, de un lado del local se pondrían los de Boca y del otro los de River, tanto adentro como afuera y separados los limites geográficos por una línea imaginaria que dibujaba la puerta de entrada. Frente al conflicto de decidir cual vería el partido en la televisión moderna y cual en la antigua se designo un representante de cada equipo para jugar una pulseada cuyo ganador, claro esta, beneficiaría a su equipo con la posibilidad de ver partido en la mejor tele. El porte muscular del hombre de River era claramente mas compacto que aquel que tenia el hombre de Boca, por tanto los hinchas de River victoriosos se acomodaron frente al mejor aparato emisor de imágenes dándole la espalda a sus antagonistas que no dejaban de reprocharse entre sí la designación de su ahora debilucho representante quien abrumado por la vergüenza cedió amablemente su espacio dentro del bar a uno de sus compañeros que estaba fuera.
Ya todos sentados y acomodados fueron pidiendo al único mozo que atendía (al cual el futbol no le interesaba) sus respectivas consumiciones entre las cuales se destacaban los vinos y el café, algún que otro valiente se animo al flan y los restantes se disputaban unas cuantas de jarras de agua y hielo que el hombre de detrás de la caja había repartido entre las mesas abandonando-creo que por primera vez en su historia- su bunker económico.
Apenas el árbitro dio el pitido del comienzo del juego un silencio de cementerio se adueño del aire dejando en el olvido el bullicio que dominaba unos pocos segundos antes. El partido los primeros veinte minutos no ofreció demasiados sobre saltos, algún que otro faul, un disparo al arco, dos corners y no mucho mas que eso. Faltaban cinco minutos para que termine el primer tiempo y un penal que favorecía a Boca restableció la emoción original. El balón voló lejos del travesaño y fue a parar a la tribuna.
No fue hasta el segundo tiempo en que las cosas se pusieron raras. Luego de transcurridos diez minutos todos en el bar dieron una bocanada de aire al unísono y mientras la pelota se escurría por las manos del arquero e iba a parar a las fauces del arco, todos y cada una de las personas tanto dentro como fuera del bar levantaron los brazos y gritaron con alegría el gol. Todos se abrazaban, cantaban, brindaban, saltaban y lloraban, excepto el mozo que no salía de su asombro de ver el festejo generalizado. Fue ahí que los de Boca se dieron vuelta para cargar a los de River y éstos hicieron idéntica maniobra. Así se cantaban unos a otros y coreaban canciones de cancha. No paso mucho tiempo hasta que unos y otros vieron reflejadas en las caras de contrario la misma alegría que cada cual portaba, así que pronto los cantos y los gritos fueron cesando hasta que el silencio se presento otra vez mientras que los de Boca observaban atónitos la televisión de los de River y viceversa. Nadie podía salir del asombro. Solo una mosca se paseaba entre las bocas abiertas de los hombres. Ahí estaba clarito, indiscutible, inexplicable. Mientras que la tele de los de Boca rezaba “Boca 1- River 0” la otra contradecía inefable “River1-Boca 0”. La voz del relator ahora dueña del sonido volvió a desgarrase anunciando otro gol que solo por instinto futbolero volvieron a gritar solo que ahora no sabían que festejar ya que podían ver claramente el resultado en las pantallas ajenas que beneficiaba indiscrmindamente a cada cual y a cada equipo. Fue entonces que las miradas se alejaron de los televisores y se dirigieron al hombre de detrás de la caja. Lentamente fueron reprochándole las inconexas de la situación esperando una respuesta que claramente no poseía. Ante la ausencia de explicaciones técnicas y mientras en el partido se suscitaba otro gol el ambiente se fue caldeando. Primero porque seguían sucediendo goles y después por la frustración de volver a confirmar que éstos eran de los dos equipos. Ya nada pudo detener el primer sillazo volador que impacto sobre la heladera expositora rompiendo el vidrio y desparramando su contenido. Luego fueron botellas, las mesas, las jarras de agua ahora vacías o vaciándose en el aire, pronto llegaron los puñetazos y la sangre y las corridas y los desmayos. No tardo en encenderse el primer foco de incendio improvisado con uno de los manteles, las cortinas beige, unos fósforos y las dos mitades de wisky , después un segundo fogón comenzó curiosamente en la cocina y para cuando se encendió el tercero ya era tarde para detenerse. Todo estaba en llamas. Algunos distraídos que todavía no preveían el peligro destruían con ira los televisores de los cuales brotaban chispazos, el mozo observaba en silencio desde la estación como el bar se incendiaba, el hombre detrás de la caja inmutable bebía sediento el último vaso de vino que le quedaba y la gente corría a sus hogares confundida, asustada y desorientada. Algunos golpeados se tomaban el brazo o se cubrían la cara mientras tosían y rengueaban. El humo se podía ver a kilómetros y sin embargo nunca llegaron los bomberos, ya que éstos en realidad se estaban yendo del lugar mezclados entre la gentío y olvidados de su oficio.
Las llamas consumieron todo rastro del lugar dejando solo unos cuantos escombros negros, algunos objetos chamuscados y difíciles de identificar que el viento y el tiempo se encargarían de barrer.
En Azurregui los años pasaron y nunca nadie hablo de lo sucedido. Si alguien de afuera llegaba y preguntaba por el bar de la estación la respuesta siempre era la misma: “Ahí nunca hubo un bar señor, usted estará confundido”. Ya nadie en el pueblo tiene televisor y ninguno manifiesta ser de River o de Boca sino de cualquier otro equipo. Del hombre detrás de la caja tampoco se supo nada mas, solo se dice que por la estación anda un fantasma que se aparece los domingos y aquel que alguna vez pudo verlo cuenta que lejos de asustar éste espíritu se empeña sin mediar palabra en mostrar un suplemento deportivo viejo que en su tapa cita un titular muy curioso: “FUERTE TORMENTA AZOTA AL PAIS, SUSPENDIDA LA FINAL DEL TORNEO APERTURA”

Lechu Nicanor
29 Abril 2010

sábado, abril 17, 2010

Adios alma mía

Llora una lágrima de cera la vela entre el fuego y la luz,se desvanece lentamente, se entrega a la oscuridad.
Se que no hay nada que decir, especialmente cuando sobran las palabras.
Me extrañaras ahora lejos, ahora cerca, mas cerca que nunca.
Se te ve el frío en los ojos, a mi también las arrugas me persiguen.
Y si en cambio me despierto mejor dejar de soñar, mejor dejar atrás el sueño.
Vomito estas palabras abrazadas ellas al temor de perderte, a la seguridad de perderte.
Así que dejo a mi paso las rutas que nos encontraron tan felices, esas rutas desiertas a simple vista pero que aguardaban tesoros en cada curva, en cada puente.
Nos llovió todo el tiempo, ya se, y hacia frío también. Premonición de los tiempos que vinieron después.
En cada habitación de hotel dejamos rastros, quedo algo nuestro, demasiado nuestro, tan celoso del momento que no nos va a dejar recuperarlo.
Fueron testigos los cuatro puntos cardinales y ahora no nos reconocen.
Adiós alma mía, te encontrare en otro camino.

sábado, abril 03, 2010

Frío

Hace un frío del que no puden prever los del servicio meteorológico. Ese frío que no acepta cobijas ni canciones calidas. Un día extraño, familiar al mismo tiempo, tan contradictorio como el amor.
Será el invierno que se acerca imponente. Un invierno que se lleva adentro, mientras que las nubes no se ponen de a cuerdo para ser tormenta y aun que amenazantes éllas mantienen la distancia soberbias y testigos de un amor moribundo que a pesar de todo aun dice que me quiere. ¿A pesar de que?

lunes, marzo 22, 2010

Aquíles, por su talón es Aquíles

Se es lo que se es lo que siempre se ha sido.
Se siente lo que se siente en el centro del centro silente tenga o no tenga evidente sentido.
Y rara vez se es tal y como se quiere.
Se llora lo que se llora uno no elige de quien se enamora ni elige qué cosas a uno lo hieren.
Y en lo más sutil de los cuerpos sutiles, lejos de la noria de causas y efectos, se tiene el corazón que se trae por defecto, así como Aquiles, por su talón, es Aquiles.
La sed, aquella sed la que el agua no cura.
La cruz de un presentimiento que nos suelta hacia los cuatro vientos con el mandamiento de buscar a oscuras.
Y en lo más sutil de los cuerpos sutiles lejos de la noria de causas y efectos se tiene el corazón que se trae por defecto así como Aquiles, por su talón, es Aquiles.
Se es lo que se es.

Jorge Drexler

domingo, enero 18, 2009

AMIGOS

Extrañar. Acaso venga de lo extraño. Será entonces que frente a lo desconocido, lo desolado, lo que no es usual, uno es un extraño por tanto extraña.
Sin embargo puede uno estar en un lugar familiar, conocido y aun así extrañar. Incluso puede uno estar dentro de uno mismo y sentirse extraño, extrañar.
Entonces ¿qué es lo que uno extraña? ¿qué es ser un extraño? ¿acaso despojarse de todo? Y entonces qué será todo. Para mi todo es todo aquello que en su ausencia me convierte en un extraño, porque nadie es nada sin aquello que lo reconozca como alguien por mínimo que sea ese reconocimiento. Por eso será que uno extraña, porque sin mi gente, esa que me reconoce, aquella que sabe quien soy y me convierte en lo que soy…sin ellos empiezo a ser nada y me empiezo a extrañar. Finalmente extraño a los que quiero porque cuando ellos no están de alguna forma mística yo tampoco estoy.
Por eso queridos guardianes de mi sombra, veladores de mis sueños, que extraño me siento en su ausencia. Cuanto los extraño.

viernes, diciembre 26, 2008

una tarde

Ahora que tus ojos esquivan mi mirada,
escondo las heridas de las sombras en la razon.
Ahora que las tardes de verano injustas e invisibles
me nublan las costas del amor.
Ahora que camino despacito y sin rencor
anelo tus caricias y tus huesos,
escribo medio borracho medio sobrio,
te escribo en la distancia te recuerdo aun mas lejos.
No son puras las mentiras y no por eso las veradaes dicen la veradad.

viernes, junio 06, 2008

INSOMNIO

Pájaro mudo, alas de soledad, déjame dormir.
Cuervo de los sueños, carroña de pesadillas, déjame dormir.
Fantasma frío de la oscuridad, déjame dormir.
Reloj detenido en segundos, déjame dormir.
Voz inconciente reveladora, déjame dormir.
Música de campanario invernal, déjame dormir.
Cama vacía, sabanas arrugadas, incomoda nostalgia, déjame dormir.
Corazón palpitante, amezante, déjame dormir.
Recuerdo de neblina, vaso, déjame dormir.
Temblor y transpiración, déjame dormir.
Despertar improvisado, déjame dormir.
Amanecer inalcanzable, noche eterna.

miércoles, junio 04, 2008

Sombras

En un instante, lo mismo da si fue un segundo o mil años, la luz se convirtió en sombra y como tal empezó a pensar en oscuridad abrazándola e incorporándola a su nueva forma. Pensó que si era sombra podía ocultarse en otras sombras, en el infierno de la las apariencias negras y sin rostro que tienen los fantasmas de la noche. Con poética audacia desfilo en largas pesadillas y devoro sin detenerse cualquier recuerdo de su vida anterior, de esa vida iluminada reservada para las deidades no paganas de luz. Se congracio con la maldad y fue demonio de mil cabezas. Se sacio de sexo con otras sombras más viejas y sabias y absorbió su sabiduría como néctar dulce. Murió cada amanecer con orgullo de estar del otro lado, y renació cada noche con cada farol ficticio, azul, pálido y frió. Entendió que cada sombra había sido luz alguna vez y que en un instante, lo mismo da si fue un segundo o mil años, habían sucumbido ante su naturaleza.

sábado, mayo 31, 2008

Pensaba el moribundo que no temia mas a la muerte sino a no haber vivido suficiente.

sábado, mayo 24, 2008

Silencio

Sobre una cúpula de nubes grises y espesas, como un llanto ahogado, las gotas de lluvia parecen no querer perecer sobre la tierra que las espera ansiosa de beber y de vivir. Pero el temporal se hace esperar y como adelanto se divierte enviando ráfagas de viento gélido para que baile en las esquinas y le vuele el sombrero a cualquiera que lo lleve puesto.
La luz mortecina que en su timidez parece más brillante que el sol, lastima mis ojos. Resolana le llaman algunos y hasta dicen que hace peor que la luz directa.
Es así que Buenos Aires se viste con su mejor traje de funerales y lo sale a lucir sin vergüenza, con aires de venganza pero al mismo tiempo con ternura de esa que nos hace reflexionar a todos sin saber bien porque. Un día con intenciones de ser noche, una noche eterna en el infinito, sin estrellas ni luna poética, ni hombres lobo ni hechiceras malvadas. Todo mentira.
El olor húmedo de las alcantarillas, ultimo resabio de naturaleza, emulando arroyos citadinos de Dry Martini y appetaizers. Nunca nada cambio, ahora lo se. Tal vez se marchito y perdió brillo, pero la metamorfosis no ha sido nunca la verdadera razón de la nostalgia, sino por el contrario no hay nada mas nostálgico que lo estático que no se resiga a desaparecer. Con mirada perdida buscando el horizonte vedado en edificios “cementéricos”, los ancianos ansían la parca dulce que calma los dolores y ama sin excepciones ni condiciones.
Alguna gota rebelde se desprende del manto de nata en el cielo y le hace el amor a una hoja escarlata muerta en un adoquín. Apurando el paso que se viene, con ese paso Chaplinesco de los que le temen a los chubascos y corren a encerrarse bajo los balcones intentando inútilmente no mojarse, como si aquello fuera a salvarlos de los resfríos o las gripes, temiendo a la pulmonía como temían los personajes de los libros viejos.
Al fin se derrama. Se desangra el aire y afloja las piernas la belleza destructiva de la naturaleza sintética que nos hemos construido. Lo vemos y esperamos que pase, que no deje rastro, que nos deje en paz con nuestra rutina; porque si hay algo que sabe hacer bien la tormenta es cortar de cuajo las repeticiones diarias y destruir todas las automatizaciones que nos organizamos para sentirnos mas seguros. A ver si todavía se me cae un piano en la cabeza después de pasar debajo de esa escalera.
Silencio, esta hablando el viento con los árboles. Silencio.

viernes, mayo 23, 2008

Mi sueño

Mi sueño tenia seis cuerdas, doce notas, algunos unísonos, unas cuantas rimas, alguna que otra disonancia, un cable plug-plug, un amplificador a válvulas, luces encandecentes, escenarios oscuros, mesas medio llenas, viajes por el mundo, canciones que hacían llorar, otras que deban ganas de bailar y cantar, una mujer que me esperaba después de un show, una madrugada de lluvia, una voz disfonica, una remera transpirada, un “demo” mal tocado, una sombra de los Beatles, una vida de juventud eterna, abundante cabellera, botas de cuero, una tapa en la Rolling Stone, una nota con Mario Pergolini, un video en MTV, un premio a la trayectoria, un “puesto numero uno”, una inevitable caída estrepitosa y consagratoria, un “juntarnos en la sala”, una zapada en La y un silencio de negra con puntillo.
Mi sueño quiso ahí quedarse, en el mundo de los sueños y así volverse pesadilla.

domingo, mayo 11, 2008

Dos amantes, una pesadilla

-solo estoy cansado- gruñó e intentando ocultar una pequeña lagrima que bailaba sobre una de sus mejillas, le dio la espalda desnuda sin quitarle un centímetro de sabana sudada y perfumada en sexo. Ella procuro no entrometerse y poso sus pechos tibios mientras acariciaba su hombro. La noche oscura susurraba una sirena a lo lejos, casi un eco espectral que anunciaba desgracias ajenas pero que aún así los estremeció. Besos salados y el aliento etílico del tabaco y el vino arribaron con su cuerpo sobre el de ella otra vez. Entre sus piernas y surcando a fuerza de uñas las marcas que al alba dolerían mas todavía. Apenas se miraron en la penumbra. Gimió algunas veces y la volvió a besar. El triste abrazo final los emociono a los dos y lloraron al unísono. Se amaban, se habían soñado más de una vez exactamente así, ella entregada, él entregado. Ya no había que luchar mas, eran tiempos de paz, segundos en que la soledad se iba lejos. Podían sentir sus corazones colapsar uno sobre el otro. Agotados se hundieron profundo en los sueños, donde no se podían seguir. Él soñó que se despertaba en una cama solo y encendía la televisión para ver la temperatura y decidir si se ponía un saquito o la campera, mientras ella se soñaba en la ducha repasando mentalmente a Freud para el examen en la facultad, y mientras los 4 grados de sensación térmica obligaban a agregar una bufanda a la campera él salía de su casa y saludaba al encargado del edificio y de pronto estaba ya en el subterráneo atestado de gente mandando mensajes de texto con su celular y nadie lo veía, ni a ella en el colectivo con los vidrios empañados de sudor humano y llena de angustia por no haber aprobado, cargada de frustraciones entrando a su casa de noche pensando que comería, si las sobras de ayer o las de antes de ayer, porque en la oficina no había podido almorzar y se moría de hambre y bronca después de que su jefe le había dicho que ya no lo necesitarían mas, justo a él que de merito laboral podría dar clases. Cerró los ojos.
Abrió los ojos y la vio. Abrió los ojos y lo vio. Suspiraron, sonrieron, se amaron otra vez. Una tímida luz entraba por la ventana. El inoportuno periodista de la tele anunciaba una ola de frió en Buenos Aires. Mientras él preparaba el desayuno ella bajaba a la cocina ofreciéndole una campera. –suerte con el examen, nos vemos a la noche-

miércoles, marzo 19, 2008

Tengo tiempo.
Poseer un montón de nubes tormentosas.
Tengo alivio.
Darse a conocer en la oscuridad.
El artista no actúa y el unico feliz es el payaso.
Porque en esta tarde que anuncia lluvia, no creo que valla a mojarme.
Aún a tu sombra me escondo
Piano mudo.
Eso de no sentir es pesado en cualquier cruz
No sabes y no sabrás
Acentúo en tus pupilas y tus muslos la lasciva hora del ocaso.

viernes, febrero 29, 2008

Casi al final

Este rejunte de razones sin sentido,
Que me apegan al recuerdo de tu olvido,
No me deja dormir ni en sueños ni suspiros,
No despierta en las mañanas y pierde en jaque mate de alfiles.

Ni mares infinitos ni arenas voladoras,
Ni viento de verano ni nieve de rocío.

Esta falta de memoria de los ciegos,
En fotos blanco y negro
Que imaginan girasoles y aceite de oliva
En pan tostado y tibio.

Ni piernas escandalosas ni abrazos en la calle,
Ni paredes con grafitis de queja adolescente.

Y los cuentos no terminan,
Ni las hadas acuden a tu risa.
Tango hermoso llorar arrabalero,
De un tiempo pisoteado, firulete y dos por cuatro.

Las sombras que caminan sobre el agua del río,
Acentúan en mis notas que no tengo mas, seis cuerdas que no vibran,
Ocho notas sostenidas,
Enfundas las guitarras juntan polvo en un rincón.

viernes, febrero 22, 2008

De raices y razones


Entre mis silencios favoritos, tengo como preferido y mas usado el de los interrogantes sin respuesta de los álamos al viento y amantes en la noche.
Tal vez la oscuridad que mejor los acompaña sea la de luna menguante y dulce, o de ciudad a oscuras de corte eléctrico y suministro con la tristeza de la falta de pago a termino.
Y si en mitad de una nota pueda mirarte a los ojos sin pestañar y sin bostezar es que quiero quererte.
No es secreto entre los que solemos amar el silencio que las brazas de cigarrillo son grandes compañeras y suficiente refugio de la lluvia y el frío.
Así que es así como escribo, con este mareo adolescente a media mañana y sin despertar, porque a mi ventana acudió la lluvia y los gorriones se esconden de los relámpagos después de cazar mariposas y envidiar a las palomas de la plaza.
Habrá después de toda esa arena una raíz que crezca suavemente bajo el asfalto y el cemento, para buscar al sol entre adoquines.

lunes, octubre 15, 2007

Tenemos que hablar

“tenemos que hablar” dijeron esos labios que antes eran los portadores de infiernos pasionales y ahora verdugos en horario de oficina. Por eso y además por la forma en que se habían abrazado la noche anterior en la parada del colectivo, un poco mas apretado que lo normal unos segundos mas que lo habitual con su mirada limpia y piadosa sin pestaneos de relámpago en la tormenta sino mas bien un cerrar los ojos lento para guardar algo que inevitablemente se escapa de cualquier mirada, la verdad. En silencio y contemplando la popa del bus que se adentraba imponente entre los autos y la rutina, apenas viéndola pagar el boleto como un espectro inmaculado detrás de unas ventanas sucias comprendió que no, que en realidad no había nada de que hablar, que preferiría evitar ese momento en que el cuadro perfecto del amor, de su amor, se diluye bajo el agua y comienza a mezclar sus colores primero poéticamente y luego el caos que comprenden los colores mezclados y humedecidos para terminar en un marrón indefinido casi negro, podrido, uniforme. No quería presenciar el momento en que no pueda más contener las lágrimas y el orgullo y se desvanezca sobre una mesa si acaso estuvieran en un bar, o sobre el terroso piso de una plazoleta, cuando tuviese que suplicar explicaciones y escuchar que ninguna de las respuestas que pueda recibir no son suficientes. Menos aun quería estar en silencio frente a sus amigos mientras le dan consejos inútiles, aguantándose las ganas de mandar a todos a la mierda para descargar todo su odio que hace unas horas era amor contra ellos para sacárselo de encima y que todo vuelva a empezar sin empezar. Ni siquiera quería pensar en verla tener que lastimarlo y eso dolía mas aun, ni tener que guardarse ese ultimo beso que recordaría siempre como el mejor pero desgraciadamente él ultimo, muy diferente al primero tan tímido y falto de gracia, de astucia, tan mecánico y necesario al mismo tiempo para poder avanzar para poder tocarla y ella a él, para desnudar su cuerpo y sentir esa calor que tantas veces había imaginado desde su pupitre y que ahí en esa cama de hotel barato confirmaría como el más dulce de todos. No quería tener que esperar unos días para llamarla con aire de superación para ver que reacción podía causarle, y después la frustración y de vuelta a la desidia, a las borracheras y la mañanas de sol innecesarias, a las mujeres que lo querían amar pero que nada se parecían a ella, tan vulgares y solitarias que le dan ganas de vomitar tan solo de pensarlo, así que prefirió no pensar, y poco a poco lo fue logrando hasta que el vacío lo devolvió a la calle, a la parada del colectivo que llegaba en ese preciso momento para recibirlo y llevarlo hasta la casa de ella que no hizo esfuerzos en disimular su cara de sorpresa cuando abrió la puerta y lo encontró pálido y silencioso hasta que logro sonreírle y abrazarla fuerte sin que ella mueva los brazos cuando pudo notar que no podía hacerlo si quisiese y luego el beso que le ahogo el grito le lleno de sal y saliva que no lograba tragar porque las manos de él ahora le apretaban fuerte el cuello, demasiado pensó él pero no aflojo hasta que ya no se sostuvo sola y calló haciendo un sonido sordo y grave sobre el piso y los primeros escalones de la escalinata de mármol de carrada por el que pudo ver las primeras gotas de un fluido rojo que salían por debajo de la inmóvil cabeza de ella que ya no luchaba, que se había entregado, que ya no podría decirle que había conocido a otro y que sentía que ya era hora de terminar con su relación, que la perdone que no quería lastimarlo. Tampoco podría ya besarlo como había pensado hacerlo, ni abrazarlo para consolarlo absurdamente, esa cabeza con ese rostro que contenían esos labios que le habían dicho que tenían que hablar y que ahora ya no podrían escuchar sus oídos que poco a poco iban perdiendo el volumen de una gota que caía a medida que el agua tibia en la bañera se teñía también de rojo desde sus muñecas en sus brazos que ya no la apretaban ni la abrazaban, que flotaban como marionetas sobre el agua que de a poco se le iba metiendo en la nariz y en la boca y lo hundía despacito hasta que los encontrasen la policía días después luego que una amiga de ella los llamase para denunciar preocupada por su ausencia ya que sabia que tenían que hablar y que él tendría que escuchar.

miércoles, octubre 03, 2007

Llueve sobre Buenos Aires

Hoy fue un día extraño, si acaso así se puede definir un día. Estuve viviéndolo como quien ve una película. El protagonista y el espectador al mismo tiempo. No se si habrán sido las nubes negras y grises que se instalaron desde temprano en el cielo de Buenos Aires, con esa soberbia sobrenatural que solo las tormentas pueden tener, o talvez el tinte definitivamente nocturno que se apodero del día como el humo se apodera de los departamentos incendiados. Caminar hoy pareció mas un deslizarse que un avanzar torpemente, aburrido, desconocido. Encontré paredes que nunca había visto, aunque no las vi con claridad, mas bien ese observar de los sueños en donde los rostros y los lugares son y un segundo después dejan de ser lo que eran. Una confusión de saxofón desafinado, de soles apagados y universos paralelos. Tal vez eso mismo fue lo que ocurrió; quizás un puerta se abrió y dejo que se mezclen los tiempos, porque definitivamente hoy el tiempo se suspendió flotando en el café, en el puré de papas, en las lagrimas, en las letras de las notas del diario. Todo pareció fotografiado, las luces de la calle no tuvieron sentido “y los semáforos me dieron tres luces celestes”.
Ahí viene el agua cayendo del cielo, volviendo a su lugar, reclamando lo que es suyo y apoderándose de las veredas y de los cordones de vereda, limpiando las hojas de la primavera que agonizan en la calle susurrándole al viento sus desgracias de alergias y ciudad. Un piano que tímido y enamorado acompaña a Neil Young define en negras y corcheas el olor a tierra mojada hecha de cal, arena y cemento; y pasan las gentes distraídas y absorbidas en desdicha suburbana y subterráneamente apretada, vomitada en cada estación y desde ahí las cuadritas que separan el hogar del infierno. Esa morada salvadora y protectora que aleja las guerras y el hambre y los encierra en sus cajotas de colores y sonidos que bailan por un sueño.
Al cerrar los ojos mas adentro que antes y al no querer abrirlos otra vez para encontrar lo mismo, la mesita de luz, el crucifico que se carga en las espaldas, el cepillo de dientes, la ducha primero fría luego demasiado caliente, el gato que busca alimentarse, el sexo abandonado, las copas de anoche, la resaca de hoy, la lluvia que sabe a tabaco y que insiste en volar una y otra vez para estrellarse siempre contra el piso y separarse en mil fragmentos de agua y desde ahí valla a saber uno hasta donde.
Pero hoy el día fue muy extraño y diferente, incluso estoy convencido que hoy nunca llegó, que fue una extensión de anoche, que si no me duermo no me despierto y que en sima de todo no depende de mi.
Truenos y relámpagos. La menor y Re mayor.

miércoles, septiembre 19, 2007

¿ cuando por que ?

Que recuerde siempre me he preguntado, como cualquier ser humano, el por qué de las cosas, de la vida, de la absurda rutina empeñada en repetir ciclos y ciclos de repeticiones repetidas y copiadas de sí, la fotocopia de la fotocopia, la reproducción láser color. Ese circulo que plantea preguntas sin respuestas satisfactorias y que en un principio nos envuelve en su sabana suave e intrigante, incluso hasta nos entusiasma aun que al final siempre la frustración de volver al punto de partida, ese callejón sin otra salida que volver sobre nuestros pasos, nos llena de una tristeza que nos quita las ganas, la sangre y nos convierte en sombras.
Sin embargo últimamente y tal vez debido a que ya me he acostumbrado a ser una sombra, lentamente he destronado al monarca del “¿por que?” y lo reemplace por un rey bastante mas benévolo llamado “¿cuando?”. Éste aunque carece terminantemente de las estrictas condiciones filosófales que promete la escurridiza respuesta al “¿por que?”, nos propone un mundo con respuestas mucho más especificas y tal vez indiscutibles. Aquellas que puedan ser cuestionadas solo serán sometidas a absurdos tecnicismos matemáticos que responden a un orden en una línea de tiempo a mi entender supuesta o imaginaria. Es común volver a encontrarse con un “¿por qué?” inmediatamente después de responder al “¿cuando?” pero en este caso probablemente se encuentren respuestas mucho más satisfactorias.
Es por eso que llegue a este punto. Preguntándome “¿cuando?”. ¿Cuándo fue que deje de ser niño?, ¿cuando deje de soñar?, ¿Cuándo deje de amarla?, ¿Cuándo empecé a amarla?, ¿Cuando abandone mis metas?¿cuando cambie de meta?¿cuando note que mis padres no son inmortales?¿cuando te necesite mas que nunca?¿cuando descubrí que escribo pésimo?¿cuando me empezó a importar el dinero?¿cuando me masturbe por primera vez?¿cuando hice el amor pro primera vez?¿cuando me emborrache por primera vez?¿cuando decidí que quería irme?¿cuando fue que decidí quedarme?¿cuando fue que dude?¿cuando empezó a fallar mi salud?¿cuando fue la ultima vez que fui feliz?¿cuando la ultima vez que llore?¿cuando fue la primera vez que se mi hizo un nudo en la garganta?¿cuando fue la primera vez que sentí la muerte?¿cuando fue que me di cuenta de vivir?...infinitos “cuándo” que empujan a veces un “cómo” y hasta un “dónde”, y claro también la amenaza de un “por qué”. Pero la diferencia desconocido lector es que respondiendo el cuando, entiendo mejor el por qué estoy aquí, o al menos como llegue.
Es así que cada vez que pregunto “por qué” termino preguntando cuando y hay ocasiones en que la respuesta es “nunca” y en esos momentos indefectiblemente una respuesta responde todas las preguntas.

miércoles, agosto 29, 2007

La llave

Arena entre mis dedos
Sobras de carne y huesos, tendones y tacto.
Altos muros de silencio y material.
Sombras proyectadas en un adoquín.
Y si miras a traves de mi, de mi vista,
dejame fluir en palabras en lunas y soles,
dejame volver a irme o escaparme
que total detrás de cada cosa hay otra mas.
Nobleza de no saberte antes de conocerte.
Y las canciones que se me fueron muriendo no son tuyas,
que de mi no hay nada mas es cierto.
Nunca hubo

Un océano de alcohol e insomnio adolescente
candente infierno de sabanas manchadas
de pesadillas y corazones agitados
poseídos, endemoniados.
Flores perfumadas en frasquito y mañanitas,
sin taxi ni Palermo ni sol ni rutina.
Hace frío y cada vez mas
que en mis oscuras noches no te recuerdo
no te perturbe la idea de mi ausencia
no me extrañes no me resucites,
dejame a la vera de mi río en mi cause mas violento
que detrás de mis pasos entrecierro la puerta entreabierta
y nunca mas te dejo entrar.

viernes, julio 06, 2007

Camino del sur y de vuelta

A lo lejos, escondido entre el campo amarillento de frío invierno y ganado congelado a ciento cuarenta quilómetros por hora, devorando postes de luz, asesinando bichos voladores, rebasando camiones y automóviles que amenazan la integridad física de mis acompañantes, pasando de largo parajes que tal vez hubieran ofrecido felicidad sin pedir nada a cambio pero nunca lo sabremos; vi recuerdos congelados, escuche ecos lejanos, visite sepulcros que ya no guardan nada, saboree manjares cotidianos, encontré algo que creía perdido para siempre.
Se paseaba esquivando baldosas una sombra de pibe en pantalones cortos. Me lo imagine con sus cuadernos debajo del brazo y con una viandita dentro de una bolsita que su madre le había preparado, arrimándose cerca del tren observándolo como a una mujer amada, en silencio y sabiendo que algún día habría de domarlo y que lo llevaría lejos ahí donde lo sencillo su vuelve prescindible, donde el café con leche se convierte en café tres cuartos y periódicos del día y teléfonos celulares que nunca se apagan.
Vi una ausencia irremplazable que aún hoy conserva en mi memoria sus carcajadas descendientes de alemanes rojos que reflejan en su rostro cerveza, vino y festejos sin fin. Entrando despacito en ese living comedor la boca se me enciende de sabores a miel y manteca y dulce de leche con margarina y pan casero, pescando la nata de la leche caliente. Mientras respiro calor y calidez. Pero una lagrima me trae de vuelta, hasta que cruzo la calle y todo esta quieto, es una foto en la que se puede entrar y en la que se puede recorrer cada detalle de esa cocina intacta a la que no le salen canas y goza de una limpieza envidiable que responde a soledades y a costumbres de pulcritud. Solo me acerco a una puerta y una mano de niño la abre silenciosamente por que los grandes están haciendo la siesta. Ahí el tesoro mas grande que se pueda uno imaginar, un tesoro de piratas lleno de monedas de chocolate, perlas de caramelo, cajones que esconden en su interior misterios de azúcar y frascos llenos de fantasías de colores sabor a frutas; hasta que un señor con anteojos culo de botella en camiseta musculosa y bigotes mostachole nos descubre y nos saca rezongando y nos castiga entregándonos algunas perlitas de caramelo y sonríe finalmente.
Cuando busco entre mis manos las veo grandes, serias, un poco lastimadas pero lo peor de todo es que están vacías y miro otra vez para descubrir asombrado que la cámara del tesoro fue saqueada y solo quedaban en ella algunos trastos viejos y oxidados, pero el olor… ¡hay ese olor!, como a humedad pero de caja de zapatos, un poco como a cuero y al mismo tiempo a aire fresco de mañana. Es el mismo, talvez el único testigo de mis recuerdos.
Más antes que después se abrió la neblina ante las portadoras de la nueva luz, Ludmila y Lucila. Ellas que no cargan con los rencores del mundo ni con los enojos ni los dolores pueden abrirse camino en un nuevo mundo que aunque se disfrace para engañarnos fracasa en su intento. Por que todo ha cambiado, tal vez lentamente pero inevitablemente.
En el silencio oportuno de los espacios decorados tristemente una cama vacía se ríe de la contradicción. Una ducha caliente a tiempo, un despertar prematuro de los sueños que se olvidan apenas abrimos los ojos. Compartir es vivir, es por eso que dejo que compartan conmigo encuentros y desencuentros. Y como buen espectador respetuoso dejo que las cosas sucedan ininterrumpidas cada vez con más comida y más vino a ver si espantamos a las sombras, a los ecos, a las distancias y al tiempo.
Volver no siempre es retornar. Pero otra vez a los caminos, otra vez a la velocidad, a las vacas y a los pájaros, porque como perros de pueblo todos nos fuimos de casa para volver a casa, tal vez de ida o tal vez de vuelta.